7 de febrero de 2010

MARIONETAS

Alguien se sienta en la última fila y comienza a rodar la película, las palomitas vuelan y él sonrie porque se sabe el guión. Alguien ya sabe el guión de ésta película. Las parejas que se arreglen gana. Todo por la pasta y a quien le guste bien y a quien no también. La escenografía, un bulo. Pura pantomima, posiblemente porque ciertas críticas no han sido bien asumidas y se ha decubierto el pastel antes de tiempo, de hecho fue descubierto a mediados de la edición normal que acaba de concluir. La cadena crea personajes, los alimenta, les engorda y entretiene a un público sediento de morbo para quien los muchos problemas que acucian a esa sociedad que vive fuera de sus puertas, de su salón concretamente les tiene que sonar a chino.

Ellos viven por y para los titiriteros que le ponen en la pantalla cada día, en sesión doble o triple. El concepto de entretenimiento ha cambiado en nuestras vidas, si antes ante la pregunta decíamos eso tan manido de leer un libro, viajar, ir al cine o simplemente dar un paseo, ahora el formato nos llega en forma de plasma de 42 como mínimo y ver a Indhiras, Arturos, Belenes o Jorges Javieres engordando las horas de nuestra vida y cotilleando el “hola” diario virtual que se nos sirve de forma gratuita en cuantito apretamos el botón. Tiene su público, ha encontrado su identidad y tira para arriba como burbuja mediática, encontró la gallina de los huevos de oro a bajo presupuesto y la exprime al máximo llenando estanterias de artificiales emociones, da que hablar en la panaderia, en las farmacias y en las puertas del colegio, miramos el reloj como nunca para que no se nos haga tarde cuando las anarosas de turno comiencen su función estar allí preparados.

Interactuamos a modo robótico y nos metemos en su piel con muy poco, en apenas unas lágrimas, unas frasecitas bien colocaditas y una cierta orquesta detrás amplificando y repitiendo la nada nos da como resultado una nueva estrella, aquella que en su día el video se tragó en la canción y que hoy “el todo vale” ha resucitado de entre el desván abandonado, ha desempolvado y brillante recoge hasta premios ondas. Nuestra sociedad está cambiando a rancia sin la necesidad de que nadie nos recuerde el retraso en años que teníamos con los paises de nuestro entorno, porque a pesar de todo nosotros seguimos siendo diferentes en todo.
Y porqué no un viaje al Caribe con todos los gastos pagados y con los cámaras detrás y hubiesen formado la exclusiva edulcorándola de cualquier cosa, que para la imaginación no hay como un encuentro casual y causal y no el esperpento de robarnos lo que más quisimos, envenenándolo de falso concurso, metiendo a quien en su día recordamos con cariño como palmeros adyacentes para uso y disfrute de la dote que nos tenian preparada??

Si los conceptos nos van cambiando día a día, el margen de maniobra crítica nos lo roban a cada minuto sustrayéndonos de nuestra perspectiva racional e involucrándonos de manera forzosa en éste parapente mediático como cobayas de turno, solo los aplausos y el share encumbran estrellas de barro pasajeras, las idolatramos como en su día hacíamos con cantantes, jugadores de fútbol o artistas conocidos, las hacemos como de la familia y por ellas matamos como de cualquier hijo se tratase. Nos las sirven en bandejas de plata a la hora de la merienda y bajo el calor de la mesa camilla resucitan nuestro ego y nos dan el sentido de vivir. Solo hay que rodearlas de espectáculo, de morbo, de show, y de unos cuántos “bienpagados” que acompañen al atrezzo… y ya tenemos un nuevo concepto de entretenimiento que colorea el sentido de nuestra vida.

Lo triste de todo es que para ello tengamos que arrebatar a nuestra propia historia momentos deliciosos, inolvidables que guardábamos en el cajón con cariño y que ahora los utilicen como cebo para su nueva estrella. Alguien ya se sabía el guión, pero jamás podría imaginar que fuese a ser utilizado de manera tan descarada. No dejando ni un ápice de márgen a la disponibilidad de la audiencia que enmascara todo éste circo. Que le diesen el premio imaginario y creado artificialmente antes de tiempo hubiese creado un antecedente demasiado original para lo que se destila en esos estudios, habría cambiado las secuencias de manera enrevesada y habría apurado el margen del ridículo hasta límites perseguibles, mejor crearnos nuestra propia fábrica de muñecos y hacerlos girar bajo los hilos a modo de marionetas, acorde al público infantil y amordazado que sentados en la losa aplauden a los titiriteros de turno. De que sirve clamar en el desierto de la ignorancia y de la crítica más mordaz si somos los primeros que alimentamos con nuestro mando a éstas marionetas que nos meten por los ojos y a quien dan pábulo para reirse de nosotros mismos en nuestra propia cara con todo el descaro del mundo.

Ha nacido un nuevo concepto de hacer televisión, el programar las emociones hasta el punto de encenderlas hasta el límite de manera que no se note demasiado su manipulación, sino que utilizándolas con maestría y enroscándolas en modo audiencia cree mitos, aunque éstos sean de mentira. Que detrás de monigotes teledirigidos se asegure la polémica suficiente para crear adicción y el número aumente, que se genere debate alrededor del cuadro de mandos para disfrazar de conceptos básicos de nuestra vida como la educación, el amor, la violencia, los malos tratos, los celos, el sexo, el odio o el desamor para que la gente mire hacia otro lado sin despegarnos del plasma y del teclado. Ellos son las marionetas, pero nosotros también. La impotencia nos impide luchar contra el poder de la televisión y hoy por hoy, no tenemos más remedio que tragarnos cuantos cuentos nos hagan tragar. El de Indhira es el penúltimo.

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