30 de septiembre de 2016

...SALIÓ CANDELAS

  No hay que ser muy ducho en la materia para intuir que mucha parte de la audiencia que anoche se alegró de que no saliese expulsada Bárbara, en realidad, esta concursante le da igual, es más, estoy seguro que en una edición en condiciones normales sería igual de odiada o más por la audiencia que por el grupo de la casa que la odia. Con Adara sucede lo mismo. Son concursantes tipo salir expulsadas a las primeras de cambio y todo el mundo olvidarse de ellas como si no hubiesen existido. Anoche durante la gala, me sucedió precisamente eso. Fue estar toda la semana deseando que hubiese alguna especie de birlibirloque para que no saliese Bárbara y darle en las narices al resto de la casa para que se le bajasen los humos que justo desde el mismo momento en que eso sucedió, me estaba preguntando por qué... Bah, me dije, son cosas de Gran Hermano, nunca las entenderías...

 Cierto es que la actitud de Bárbara una vez de regreso a casa me pareció tan odiosa y estúpida que la actitud que tienen día tras día sus enemigos. O perdió una oportunidad de demostrar un mínimo de elegancia en el juego o se confirma la simpatía inconsciente de la audiencia por el débil estando en las mismas condiciones que su adversario. En esos momentos, no me pareció muy grandes las distancias. Sea como fuese, solo fue una actitud en cierto modo entendible por la presión entendible a la que había estado sometida durante la semana... solo que la administró mal. Para mí, claro.

  Idéntica dicotomía me ocurre con Adara, la otra protagonista de la semana. En su dualidad se establecen mis dudas. Existen dos concursantes en una, por un lado tenemos a la rebelde Adara, la protestona e independiente que hace lo que le sale del “pepe” (término puesto de moda en GH17 por Bea), la irascible que no se calla ni les perdona ni una, valiente y decidida, fiel y de todo menos miedosa, y por otro lado tenemos a la incongruente pareja de Pol, la empalagosa y calculadora que busca vídeos carpeteros de sus momentos íntimos, la maleable y sensible que se obsesiona por el “intocable varón” (léase sinónimo de “macho” pero política y correctamente mejor dicho), esa que hace las delicias de el/la guionista carpetera que llevamos sufriendo ya algunos años.

  Está claro que la segunda me sobra de todas todas y la veo totalmente prescindible para la edición, no así la primera a la que considero imprescindible para su supervivencia. La concursante necesaria que rompe ese radical desequilibrio entre todos los concursantes y hace que el concurso aún permanezca vivo a pesar de todas sus contradicciones. La otra villana. Ese concursante personaje que nos encanta y se torna impredecible, la que está loca le llaman aquellos que suelen sucumbir ante sus empujes impulsivos. Supongo que tendremos tiempo de ir desgranando mejor la personalidad de esta “rara avis” a lo largo de los días. En conclusión que existen razones poderosas para alegrarnos como seguidores de Gran Hermano de que las cosas sucediesen así, del mismo modo que podríamos no haberlo hecho y no hubiese pasado nada.

 No conozco a un solo seguidor que no estuviese convencido de que el setenta por ciento del domingo pasado correspondía a Bárbara, ni a nadie que pensase limpiamente que esos cincuenta y cinco puntos de diferencia iban a ser salvados en apenas cuatro días. Primero porque históricamente jamás había sucedido una cosa así y segundo porque en cierto modo todos por alguna u otra razón cuando veíamos esos porcentajes ya habíamos asumido la expulsión de la alicantina e imposible era lo más sensato a lo que podríamos aducir. Ponerme aquí y ahora a relatar la “película” de los hechos, el típico sorpasso, el empate técnico, lo poco que vota la gente, lo sucedido en la casa y demás milongas tampoco me apetece mucho, todos lo vimos y fuimos testigos. Negar lo evidente, tampoco puedo. Decir que me alegré de que se produjera la salvación de Bárbara cuando había estado encomendándome toda la semana a la cajita salvadora cae por su propio peso, ¿a quién no se le pasaría por la cabeza por un momento que incluso para ser justos la propia organización debería “hacer algo” para evitar lo inevitable?. A nadie.

  Así que creo que es justo reconocer que los hechos jugaron a nuestro favor poniéndose de nuestro lado de la forma que fuese. Bien para lo nuestro. Y yo que me alegré. Pero tampoco creo que sería justo no expresando mis dudas sobre la limpieza del resultado. No me lo creo aún viniendo bien para lo nuestro. Si ellos tienen la potestad de no informar de los datos definitivos o el desarrollo de la votación y despacharnos con un simple porcentaje sin dar explicaciones y con total oscurantismo creo que tengo el mismo derecho a expresar mis serias dudas sobre el engaño y la estafa a la que podamos estar sometidos, no olvidemos que la votación cuesta dinero. Y si las dudas existieron anoche, podrían seguir existiendo con el restante de concursantes y por ende con la totalidad del concurso.

 Candelas fue el daño colateral necesario, ya ni entro en la justicia o la injusticia por lo expresado anteriormente, simplemente fue prisionera de la propia filosofía con que se está llevando a cabo el concurso. También somos reos de la misma al tener que tragar con toda la “mierda” con que día tras día nos sirven para tener que ajustar su escaleta, reos de un mal llamado “Club” de los privilegiados donde se puedan manipular nominaciones al portador, hasta ocho veces le tuvo el súper que poner el marcador para que ellos decidieran a qué compañero ajusticiar, a la audiencia soberana nos despacharon con apenas un par... Un club al que la organización utiliza según su propio criterio para aceptar o saltarse las normas convenidas dependiendo de quién sea o no el perjudicado, una arbitrariedad que no casa mucho con las lecciones moralistas con que de vez en cuando nos sacuden en pos de la justicia divina y la perfecta educación. No se puede hablar pero si se puede hablar, hoy te voy a sancionar pero mañana me lo pensaré mejor. Doce meses doce causas, pero la de la limpieza del hogar aún sigue en el trastero.

 Ni que decir tiene del absurdo, injusto y horripilante juego maquiavélico de las bolas, la peor forma posible de congratularse con su audiencia, permitiendo tolerar el abuso y la injusticia dentro del propio concurso. Pero aún, y tras un mes de edición, a nadie se la ha ocurrido cambiarlo por otro más divertido incluso, ya no hablamos de lo inicuo y temerario que es. Y es que se ve que en T5 la palabra “privilegio” debe de tener alguna serie de connotaciones especiales hechas a la carta. Lo de la insistencia en la “hora de la carpeta” creo que ya no merece la pena ni luchar, se ahogarían sin su vaso de agua y sus momentos de gloria por muy sobado y trasnochado que esté.

 Después de la gala, los que nos quedamos viendo el directo pudimos observar a Fer en todo su esplendor. No es por él mismo, que bastante ya tiene con lo suyo, es por lo que representa del grupo mayoritario y su forma de proceder. Volviendo al propio juego, el verle hacer la ronda de concursante nominado en concursante para darle jabón y justificarse con palabras amables después de haber calculado sin reparo a quien ejecutar o a quien salvar es de un cinismo supino que no por desconocimiento sino por lo llamativa que supone su reincidencia dice mucho de cual es la estrategia misma de todo su grupo. Y es que hay cosas que jamás se podrán explicar, lo ves, lo estás viendo, lo estás pensando, a veces te da rabia, a veces dices: pero que falso que es, a veces dices, madre mia qué elemento mientras piensas en el otro, pero qué tonta es que no lo ve?.

 Bueno, es igual. Fer es uno de los líderes del llamado “grupo mayoritario”, ese que presuntuosamente se erigen en los buenos o los que tienen la razón. Ver su cara de no haber roto un plato en la vida después de darle la chapa a Montse casi haciéndole ver que la habían subido por su propio bien, para a continuación perdonarle la vida a Alain mirando a cámara diciéndole que gracias a él y a subir a Montse le habían salvado de la nominación, no es que sea rastrero ni increible, es que es la viva imagen de lo que se está viviendo en esta edición, hipocresía a raudales.

  Lo de Bea lo pasaré por encima porque ella misma lo autodefinió anoche y bastante tiene, para lo nuestro nos viene genial, pero lo cuento porque me resulta llamativo que después de diecisiete ediciones y tan listos y enterados como parece que entran cada año resulta sorprendente que sea tu propio ego y por una milésima de segundo de gloria quien te elimine de un concurso en el que seguramente llevas toda la vida soñando. Y es que la propia condición humana a veces es muy muy traicionera. “No me arrepiento de nada” iba vendiendo después por el jardín la valiente Bea...

 No podemos obviar de la gala de anoche la actuación de Jorge Javier. Me propongo cada semana no hacerlo pero no lo consigo. Es él y solo él quien parece empeñado en que no lo obviemos, se ve que le va la marcha, y eso en Gran Hermano es un error, seguramente su desconocimiento del universo GH es tan grande que ni siquiera cae en su propio error. Si una semana le decimos que parece un autómata leyendo el cue, a la semana siguiente ni lo lee y se dedica a improvisar tonterias de su propia cosecha, el resultado, peor. Porque su cosecha es tan limitada y tan mediocre que anoche dejó entrever hasta la más nimia de sus costuras como presentador. Personificando tu labor en GH solo tienes una opción, ser comida para hambrientos. Y los seguidores de Gran Hermano lo somos y mucho.

  Tacharnos de gilipollas como había ocurrido otras veces parece que lo ha superado, ahora va más por su lucimiento personal, cosa que él no sabe que odiamos en este programa. Ja ja ja, supongo que querría escuchar con esos comentarios absurdos sobre política, sobre el comportamiento de los concursantes a los que chillaba directamente para decirles que no chillasen, con su entrometimiento personal en el concurso de Adara o de Miguel, o del novio de Candelas o con la presión ejercida sobre Bea en su nominación como hizo MM el año pasado con Quique. Pildoritas en suma que se suman desde que se inicia la gala hasta que termina y que al final cuando haces recuento dices... pero qué imbécil, este aún no se ha enterado de que está presentando GH. Pues así, ya llevamos un mes. Y mira que intento no hablar de él.