9 de diciembre de 2016

TRASTIENDA


 Dije ayer que se había quedado buena tarde para que saliese Miguel y lo hacía seguro de que estábamos ante la última semana de concurso, ayer nos confirmaron de que no, que aún quedan al menos dos semanas más. En realidad tampoco confirmaron ese punto, solo nos adelantaron que en la próxima gala todos los ex-concursantes subirían a Guadalix a "rendir cuentas" no sé si entre todos o con los finalistas, esa especie de juicios absurdos sobre algo ya muerto y enterrado pero que intentarán que resucite para levantar si pueden unas décimas de audiencia. Otra genial idea de los guionistas que parece viven en otro universo paralelo al de Gran Hermano. Tampoco tuve en cuenta el día festivo de ayer y el puente, cosa que ellos sí tuvieron al organizar una gala perdida ya de antemano y con la que quisieron salir del paso como fuese.


  Los datos lo dicen todo, la salida de Alain también. Y la apertura de los regalos, y el visionado de los casting, y ya, pues todo lo demás, nos inflaron a vídeos tendenciosos como insinuándonos por donde se dirigirían los tiros. Meritxell hasta en la sopa con la excusa de Alain o sin ella para intentar agitar un poco su posible enfrentamiento con Bea para quien todo ya parece escrito, el argumento parece muy simple: "ha sido la concursante que más ha evolucionado dentro de la casa..." nos hartaremos de escuchar hasta la saciedad, le acompañará su "carpeta" con Rodri que exhibirá la productora como trofeo para orgullo y deleite de su guionista jefe, y así ver reparados los malísimos momentos que Bárbara y Adara nos han hecho pasar en esta edición. Es una de tantas formas de pedir perdón, la otra  ya la sufrimos el jueves pasado. Una sibilina forma de congratularse con la rectitud y la moralidad de una trayectoria sospechosa que abandera el lema de los doce meses doce causas bajo el paraguas de cuantos "Sálvames" se hagan necesarios, en versión naranja, limón, reality, superviviente o mediopensionista.

  Bea se convertiría así en todo un ejemplo de superación en Gran Hermano, escondidas sus costuras tras la tela del "hamor" verdadero y su capacidad de sacrificio, sus ansías de aprender y cambiar, en definitiva de mejorar, y todo eso está claro que lo ha aprendido en Gran Hermano, quien ya no solo basa su argumentación en el entretenimiento sino en su indiscutible labor social y humanitaria. Para ello y frente a ello monstruos como Bárbara o Adara les sobraba, eran personajes demasiado "telecinco" que hasta pudiesen rasgar sus propias vestiduras, porque una cosa es  que lo vendas y otra muy distinta es que sean ellas mismas las que te compren todas las existencias de tu propio producto y lo exploten sin que tú pudieses administrarlo. Demasiado atrevimiento para tan sabia hipocresía. Les podría parecer obsceno o hasta pornográfico que ambas les ganara a Tele5 utilizando sus mismas armas. De ninguna de las maneras se hubiese podido consentir.


  Pero eso ya es historia, como en los grandes programas la sutilidad corre enseguida su estúpido velo bajo la panacea oscura de aquellos votos que pudieron ser y no fueron o aquellos descuidos inesperados que nos pillaron a todos por sorpresa. Gran Hermano siempre fue imprevisible siguen diciendo quienes tienen ya grabados con letras mayúsculas los nombres de los ganadores y perdedores de la edición, aquellos que quieren seducirnos durante el tiempo que nos queda con historias de mal gusto y que atentan a su propia inteligencia. Quieren acorralarnos con sinsentidos y que dejemos de mirar a todos lados, para ello se nos servirá en un plato bastante frio la insigne cabeza de Miguel que tanto de hablar nos ha dado, agradeciéndole sus servicios prestados y cobrándose su cheque como finalista nos dará sentido a la penúltima gala, qué menos que tener su propia cota personalizada en un día normal y casi por entero dedicado a él, ya que los otros tres no suman ni un cuarto de gala en contenidos, solo las emociones dibujadas de aquella manera tras pasar por la correspondiente taquilla de unos fuegos artificiales más artificiales que nunca pondrán el colofón de una edición "horribilis".

   El telón evitará las incómodas preguntas o las falsas explicaciones, la navidad estará cerca y el Vip a la vuelta de la esquina, otros concursantes con quien meternos, nuevos sorpassos, diferentes tramas, distintas propuestas... Todo permanecerá en orden excepto en la historia, que guardará como recuerdo en su ya larga singladura la peor y más escandalosa apuesta por invertir el deseo de la propia audiencia y convertirlo en simples gajes del oficio.

 Sean quienes sean los tres que amorticen la última gala pasarán a formar parte de esta historia como un error. Errores sacados de contexto, concursantes klinex de usar y tirar para adelante sin mirar hacia atrás, el guión quizás no estaba así escrito porque Gran Hermano a muchos les ha venido grande y se los ha comido, les ha temblado las manos al escribirlo y terminaron perdiendo hasta su propia compostura, demasiados tachones, multitud de faltas de ortografía, enunciados de difícil comprensión para lo que no estaban ni mínimamente preparados. Ya es demasiado tarde y hay que dejarlo así esté como esté, no hay tiempo para más.


 Quizás parezcan insignificantes bajo la grandeza de una cadena tan poderosa, minúsculos en el umbral del poder de la televisión, lo habremos elegido así nos dirá la demagogia más servil y es que la audiencia a veces se muestra muy caprichosa con el destino de los concursantes, de nuevo el estúpido velo caerá sobre nosotros tildándonos de imbéciles. Bea será la ganadora porque nadie habrá sabido responder a una pregunta tan simple como porqué... No esperéis explicaciones, dejarlo estar, ya no hay marcha atrás, ahora intentarán justificar lo injustificable, la historia de amor y de superación se impondrá a la verdad más sangrante, esa que les delata y los dejaría con el culo al aire porque entonces sí que tendrían que dar muchas explicaciones.

 Hablemos de Alain y de su paso por la casa, de Meritxell o de la carta que le envió su padre a Rodrigo que le hizo saltar las lágrimas, hablemos de la genial respuesta que le dio el francés a la insistente pregunta del morboso presentador sobre lo ocurrido debajo del edredón, de como agoniza el directo o de las recargas semanales, de lo que queda y lo que nos darán. Llenemos de tinta las páginas intentando desdramatizarlo todo, solo es un concurso de entretenimiento, a veces se gana a veces se pierde, hay momentos que nos lo pasamos bien y otros que nos aburriremos... siempre ha sido así. Pero nunca tan descarado.