Se tiene la sensación de que esta noche saldrá expulsada Pepa por más del ochenta por ciento de los votos. Acercándose a porcentajes récord bastante sonados en la historia de este programa, como el de Nagore o el de Angela. Intento encontrar algún paralelismo entre estos personajes y las circunstancias de su expulsión y puedo encontrar respuestas en éstas últimas, pero no así en la de Pepa. No por su expulsión, sino por el porcentaje. La desinformación genera dudas.
Pepa entró como reserva hace quince dias, junto con Arturo, y la semana pasada quedó nominada con otras tres personas. De lo que sabemos de ella aparte de su carta de presentación es que entró en la casa habiéndose empapado la presente edición de la a a la zeta y alardeando de ello, que se acercó desde un primer momento a Yago y que cocina muy bien. Poco más sabemos de su concurso, aún así saldrá con porcentaje récord. No sé en que se basará la entrevista de Mercedes en plató, ni las razones que la llevaran a la calle por semejante diferencia, aunque como en esta edición los pájaros sobrevuelan más de lo normal por mi cabeza intuyo que una razón tan poderosa como “que es la nueva”o “la última” será la causa fundamental. Tal vez no la hemos conocido lo suficiente, o tal vez a los otros nominados les conozcamos más. Quizás los otros nos sean más familiares y el mero hecho de su compañía desde el inicio nos de argumentos suficientes para mantenerlos dentro.
La realidad encubierta es que no existen razones de peso para unos ni para otros. En realidad nos da igual quien de los cuatro salga hoy, porque no nos supondría ningún malestar el desprendernos de ninguno. Le ha tocado a Pepa, porque ha sido la última, de la misma forma que le tocará a Arturo en su momento aunque de este se desprendan más motivos. En ediciones precendentes siempre teniamos algún motivo por nimio que este fuese para desear que algún concursante saliese a la calle, cosa que no está sucediendo en ésta edición.
Si exceptuamos la expulsión de la semana pasada donde se vivió cierta incertidumbre por temor a que se marchara Laura, el resto de expulsiones no nos ha causado apenas malestar excepto sorpresa en algunos por inesperado. Laura ha sido la única que nos ha mostrado algo de sí misma como para desear que siga en el concurso y no verla en la calle, pero como ella poco más. Todo está siendo muy ligth este año, donde no tenemos argumentos suficientes para engancharnos a ningún favorito que nos inclinara la balanza de algún modo, ni tenemos concursantes repelentes que nos hiciera decantarnos por lo contrario. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos lo son tanto. En realidad es que no hay este año ni buenos ni malos.
Leer lo que pasa en la casa, ver los resúmenes o la vida en directo nos está suponiendo más que una luz un hándicap de esclarecimiento, ya que su nulo aporte jamás podrá ser correspondido de una manera justa. Algo está pasando y no quisiera volverme repetitivo con lo de siempre. Pero tengo la impresión de que la estrella de la radio agoniza y asistimos a su entubación encubierta con nuestras propias batas verdes y nuestros gorritos de papel. La censura insultante, los aplanados resúmenes y el secuestro del directo auténtico la han dejado herida de muerte, y no se nos está impidiendo acudir a su rescate, por mucho que se lo estamos diciendo. Hoy hay gala, según dicen hay unificación de las casas como respiración artificial de última hora para salvaguardar ciertas apariencias que ya huelen demasiado. Asistiremos a la segunda entrega de videos de las “Dinasty” particular entre Laura y Marcelo, y entre Chari y Rubén; asistiremos a una nueva escenificación de las “consuegras de oro”; nos pasarán un nuevo catálogo de los mosqueos de Terry; asistiremos en directo a una nueva mudanza y estallaremos todos con un ohhh particular; veremos las primeras reacciones y se nos irá el tiempo con las nuevas nominaciones y los videos “turrón por navidad” para recordarnos a cada uno de los demás que siguen dentro de la casa.
Una semana más nos puede, y mañana hablaremos de la gala, un directo de casi cuatro horas donde refrescaremos lo vivido por reciente y nos sumergiremos de nuevo en un profundo sueño de apatía y desencanto. Algunos pájaros se me acercan al oido y me susurran que tras doce años uno en barbecho para volver con el grito en todo lo alto acompañado de trompetas y tambores. Innecesario. Los que necesitan de esas vacaciones son otros y no yo.