Entretenimiento, emoción, diversión,
algo para recordar, algún momento inolvidable, carisma, valentía,
cualquier cosa con la que podamos sentirnos identificados, empatía...
No encuentro mérito alguno en ninguno de los tres finalistas de esta
edición. Se va a generar un precedente peligroso y es el mensaje
que se va a transmitir de que cualquiera puede ser ganador. Eso para
un programa con el prestigio y la historia de Gran Hermano
significaría un importante paso atrás. Hace años que el formato
dejó de ser un experimento sociológico, ni siquiera un pequeño
espejo donde se podría ver reflejada la juventud española, pero
otorgar un premio de trescientos mil euros en un concurso de
telerealidad a cualquiera de los tres perfiles que representan al
programa tendría que hacer reflexionar muy mucho a todo el mundo si
nos atenemos fríamente a los méritos contraídos para lograr
semejante recompensa.

No estamos hablando de un viaje de una
semana al Caribe ni de un coche o un apartamento estamos hablando de
trescientos mil euros dentro de la realidad social que vive el país.
Supongo que cuando hablamos de
premio o recompensa estamos refiriéndonos a esa compensación que se
le otorga a alguien, en este caso ganador, en agradecimiento o
reconocimiento a un esfuerzo realizado, hay otros que solo dependen
de la suerte pero creo que no es el caso; es decir una especie de
contraprestación, te doy un premio a cambio de algo que tú me has
dado, a nosotros la audiencia se supone. Nos han entretenido, nos han
hecho vibrar de emoción, gracias a ellos nos hemos divertido, han
dejado huella, han demostrado ser valientes, han sufrido mucho con el
esfuerzo, nos han mostrado unos valores dignos de admirar. Qué...
Seguramente
Rodrigo le ha enseñado mucho a Bea y le ha demostrado algunas cosas,
posiblemente Rodrigo haya aprendido mucho de ella, Meritxell lo mismo
ha crecido un poco y ha aprendido a convivir un poco mejor, pero...
¿qué han aportado a Gran Hermano? Es decir, al programa, a
nosotros, a la televisión, incluso si me animo a sus propios
compañeros de concurso... ¿Acaso han convivido mejor? ¿Con quién?.
Volvemos atrás, seguramente Bea y Rodrigo han convivido muy bien,
¿Rodrigo con Adara? ¿Bea con Bárbara? ¿Con Pol? ¿Meritxell con
Fernando? ¿De verdad se está otorgando un premio de trescientos mil
euros a la buena convivencia de los tres finalistas?
Seguramente Bea
sea una excepcional ganadora de Rodri, y Rodri un excelente ganador
de Bea, Meritxell podría ser una extraordinaria ganadora de su
propia experiencia, de lo que ha vivido y aprendido, son sus
ganadores, ¿son los nuestros? ¿qué nos han dado a cambio?. Nada.
Todo se lo han repartido entre ellos. Debiera ser injusto en un
concurso otorgar un premio tan suculento a cambio de nada. Porque no
nos engañemos, tanto Bea como Rodri no han competido, ni siquiera
han convivido, se han dedicado a explotar su relación para ellos
mismos creídos de que así nos beneficiábamos nosotros. Craso
error. No nos han divertido, ni siquiera nos han emocionado, no nos
hemos sentido identificados con ellos como pareja desde el mismo
momento en que ni ellos mismos creían en su propia relación.
Nos han
engañado. Han vendido una relación mercantilizada para mantenerse
en el concurso, la prueba es que Bea le ha dicho a Rodri por primera
vez que creía que se estaba enamorando solo dos días antes de la
final, pero es que éste ni siquiera le contestó aparte de que
siempre lo negó. Pero no solo ha sido la debilidad de una relación
engañosa, ha sido la propia actitud de ambos como pareja la que nos
ha hecho mostrar su peor cara, como concursantes y como personas. No
es de recibo que en pleno siglo XXI una mujer pueda proyectarse bajo
el sometimiento de las directrices del que se supone es tu propia
pareja, no chilles, no digas esto, no hagas aquello, cámbiate el
pelo, cuida tus modales, no te pongas esto, esto no me gusta... y
ella tan feliz. Estar en plena fase evolutiva lo llaman ahora.
Porque claro el señorito ha de regirse por sus propios modales y su
propia educación exquisita, un chico con dos carreras y tres idiomas
jamás de los jamases se enrollaría con una choni de polígono,
quién se lo iba a decir, eso en la calle no le hubiese pasado, vamos
ni soñándolo. De hecho usaron el principio de su relación como un
juego donde esconderse para que nadie se enterara, un juego perverso
donde la vergüenza y el rechazo, el miedo a bajar de golpe tu status
quizás tuvo más que ver que la propia bromita de no ser
descubiertos, convertirlo en morbo... lo que tú quieras pero que
nadie nos vea... Eso sin contar las innumerables clases de protocolo
por si acaso algún día tuviesen que comer con mamá... De clasismo,
machismo u oportunismo si acaso lo redefinimos y lo llamamos
evolución, Bea con Rodrigo al lado por supuesto que “progresa
adecuadamente”, y ambos como pareja son todo un ejemplo a seguir...
por eso los premiamos.

Bea, la choni
pobrecita encumbrada hasta los altares por dejarse someter
miserablemente para no enfadar a su pareja y que todo se vaya al
traste. Por supuesto que hay que premiar ciertas actitudes, para eso
estamos en la cadena hipócrita de los doce meses doce causas y del
“hamor” sincero y verdadero en libertad. Ella ya no grita, no
dice tacos, no se pelea, da buenos consejos y todo en ella es amor y
alegría, eso sin contar el milagro Bea de como convertir los panes y
los peces en un pijo Salamanca más humilde y normal. El perfil
ideal de la cadena...
Y es que este
año me pierdo con esto de los valores que se les intentan adjudicar
a esta pareja de impostores emocionales, dejando de lado las
actitudes individuales se nos intenta vender la moto de la buena
educación, el compañerismo y el buen rollo que por lo visto han de
enarbolar, no voy a caer en la trampa del juego de la ropa interior
de Meri o la sal de Bárbara, pero si en el mantra que ellos siempre
repiten de “que han sido auténticos y han sido ellos mismos”.
Por si no lo saben eso es una frase que viene en el manual del GH en
el capítulo uno y añado “lo has de repetir cienes y cienes de
veces para que la gente se lo crea, y así tú mismo te lo terminarás
creyendo también”. No existe frase peor explotada y que mejor
“contradefine” a un concursante que esa. Ya lo del compañerismo
y la implicación en el concurso si eso se lo dejamos a los
guionistas para que lo adapten a, por lo visto, las nuevas normas,
ellos se encargarán de hacerlo visible a su medida.
El compañerismo
de Bea es para estudiarlo en los anales de GH, una concursante que ha
sido “amiga de sus amigos”, de todos y cada uno de ellos sin
excepción, incluidos sus propios enemigos. O lo que es lo mismo, no
ha sido amiga realmente de nadie, salvo su pacto explícito con
Rodrigo. Ni Clara, ni Noe, ni Miguel ni nadie de quien se le llenaba
la boca podrían decir lo mismo, un compañerismo a la carta... o es
que ya nadie recuerda la bronca que le echó Clara por estar
departiendo con Adara, de quien declaró ser una persona a la que
tenía aprecio al mismo tiempo que la ponía en la picota cada dos
por tres, creo que Bea el concepto de lo que es ser compañero lo
tiene un poco desconfigurado, ni está ni se le espera. Ha veleteado
como no recordaba a ningún concursante en las diecisiete ediciones,
excepto Pulpillo por mera estrategia o Toscano que utilizó el mismo
palo que ella.
Si lo de Bea es
para nota, lo de Rodri y su sentido de la amistad es para matrícula,
muy majo él, muy correcto sin decir una palabra más fuerte que
otra, pero cuando alguno o alguna de quienes decían ser sus amigos o
él los consideraba, necesitaban de alguien que les apoyase en
cualquier cosa, se desdibujaba y desaparecía como por magia, “no
me van los malos rollos...”. Toma, ni a nadie creo. No creo que
estos surjan por arte de magia como se ha tirado todo el concurso
insinuando, que salían de debajo de las piedras de forma natural.
Porque si de él hubiese dependido la edición se habría basado en
dormir hacer gimnasia y jugar a la botella. Eso si, cuando había que
nominar, esa supuesta amistad se amplificaba hasta el infinito...
Rodri ha sido el Pilatos de la edición, lavarse las manos ha sido lo
suyo, implicación nula con nada que no sea como se estará viendo
fuera su relación con Bea. No hay concursante más patético que
aquel que intenta ir de gracioso sin serlo, y es que además te está
diciendo que él es “divertido” en todo el morro con una seriedad
que asusta. Si tuviese que definir a este concursante como antiGH se
lo achacaría a un concepto básico e imperdonable, “cobardía”,
justo aquello que la mayoría de seguidores siempre hemos rechazado
de plano. Para Bea, el más apropiado sería “infidelidad”, otra
de las cosas que siempre aborrecimos a lo largo de esta historia.

Con Meritxell
estamos premiando la constancia a una obsesión. Todos sabemos que la
fortuna en la sala de expulsiones siempre la ha sonreído por los
compañeros que ha tenido al lado, pero al margen del escaparate
cultural y de sospechoso comportamiento que se nos está vendiendo en
estas últimas semanas cuando ya la dirección ha decidido a quien
desestimar, incluso se han aumentado las imágenes donde Meri casi
nos aparecía como una loca de atar, su paso por el concurso ha sido
el retrato de una obsesión, sus idas y venidas, subidas y bajadas
siempre en torno a un mismo principio, su obsesión con Alain. No ha
existido más historia. Creo que Meri ha sido un error de casting
donde el responsable de turno se creyó aquello de la pantera guau y
que iba toda dispuesta a sacar sus uñas, para lo suyo les venía
bien y entraba dentro del perfil. Ahora, para lo suyo también le
viene bien y en ella han visto la excusa perfecta para hacer y
deshacer a su antojo con el futuro ganador.
No es de recibo
la injusticia que está soportando por parte de una pareja que la ha
abandonado a su suerte dejándola de lado cuando solo quedan tres en
la casa y del ninguneo al que la organización la está sometiendo,
la han tomado más o menos casi como a la tonta del pueblo,
antagonista clave para poder afianzar el perfil que nos quieren
vender de los otros dos concursantes perfectos. Si GH fuese un
programa justo la sorpresa vendría dada por su lado para poder
romper de una vez por todas con absolutamente todos los tópicos y
esquemas. Pero intuyo que no será el caso, a Meri la han terminado
de convertir en la tonta útil que haga brillar aún más a “los
elegidos”. Su concurso ha sido nefasto, pero no menos que el de sus
compañeros de final. Son tres los elegidos para un final surrealista
donde la pura esencia va a brillar por su ausencia. Si apelásemos a
ella, seguramente Meritxell tendría muchas más opciones, pero los
tiempos cambian y como en el país, solo triunfan aquellos que se
encargan de inflar la burbuja y viven y medran con la especulación.
Unos impostores del formato que han hecho de su concurso una
auténtica mentira.